Por estos d铆as, la conversaci贸n sobre migraci贸n en Chile ha vuelto a encenderse, como casi siempre ocurre luego de hechos delictivos que involucran a personas extranjeras. El m谩s reciente: un carabinero herido tras un enfrentamiento con tres migrantes en situaci贸n irregular. La reacci贸n p煤blica y pol铆tica suele ser inmediata, y comprensible en su preocupaci贸n, pero tambi茅n equivocada en su diagn贸stico: se refuerza la idea de que avanzar en procesos de regularizaci贸n es 芦premiar禄 al irregular. Lo cierto es todo lo contrario.
Hoy en Chile hay m谩s de 250.000 migrantes en situaci贸n irregular. Eso no significa que sean delincuentes. De hecho, la mayor铆a de ellos vive en la sombra no por decisi贸n propia, sino porque no han tenido acceso a mecanismos de regularizaci贸n. Y en esa sombra, precisamente, es donde el verdadero delincuente encuentra su mejor escondite.
El que viene a delinquir no busca regularizarse. No le interesa figurar en ning煤n registro ni exponerse a una revisi贸n de antecedentes. El anonimato es su aliado. Y mientras m谩s grande sea la masa de personas invisibles ante el Estado, m谩s f谩cil es para 茅l camuflarse entre ellos. La no regularizaci贸n, en los hechos, termina protegiendo al criminal, no al pa铆s.
El migrante que quiere trabajar y cumplir con las reglas necesita un camino. Regularizar no es regalarle la residencia a nadie. Es someter a cada solicitante a un proceso de evaluaci贸n, revisi贸n de antecedentes y condiciones. Es dar al Estado herramientas para identificar qui茅n est谩 y en qu茅 condiciones est谩. Es, en 煤ltima instancia, recuperar el control.
Seguir postergando una pol铆tica de regularizaci贸n seria, por miedo o c谩lculo pol铆tico, no solo es injusto, sino tambi茅n peligroso. No enfrentar el problema solo lo agrava: deja a miles de personas a merced del abuso, la informalidad y el crimen, mientras los verdaderos delincuentes operan con total comodidad entre los invisibles.
La pregunta que debi茅ramos hacernos no es si regularizar o no, sino c贸mo hacerlo bien: con criterios claros, con rigurosidad, con responsabilidad. Porque lo que hoy est谩 en juego no es una concesi贸n, sino una pol铆tica de seguridad p煤blica efectiva.
Editorial.