La reciente denuncia de la candidata presidencial Evelyn Matthei, tras la circulación de falsos rumores sobre su salud, ha puesto en el centro del debate el uso sistemático de bots para instalar mentiras y manipular la opinión pública. La polémica estalló luego de que un estudio técnico identificara una red de cuentas falsas, vinculadas al Partido Republicano, diseñadas para amplificar ataques políticos y difundir desinformación en redes sociales. Su existencia ha sido confirmada por expertos en la materia.
Pero este fenómeno va más allá del ámbito electoral. Analistas digitales han detectado que estas mismas redes —compuestas en muchos casos por cuentas automatizadas o coordinadas— también operan para propagar mensajes de odio contra la población migrante, especialmente hacia personas venezolanas. Utilizan la repetición sistemática de contenidos falsos o tergiversados, acompañados de hashtags como #FueradeMiPaís, #FueraVenezolanos o #InvasiónBananera. Son cuentas que operan las 24 horas del día, los siete días de la semana, generando contenido hostil con el objetivo de instalar una percepción artificial de rechazo social generalizado.
Un informe del Banco Interamericano de Desarrollo reveló que Chile concentra el 60 % de los tuits con contenido xenófobo sobre migración en la región, superando ampliamente el promedio latinoamericano. Según ese y otros estudios, la mayoría de estas publicaciones están asociadas a discursos de sectores radicales, tanto de derecha como de izquierda, y replican los mismos mecanismos de desinformación que hoy también se usan contra figuras políticas.
Este tipo de manipulación digital no solo pone en riesgo la transparencia del debate democrático, sino que tiene consecuencias concretas para miles de personas migrantes, que enfrentan cada día mayor hostilidad, discriminación y violencia. Organizaciones sociales y académicos han advertido que estamos frente a una estrategia peligrosa y cada vez más sofisticada, donde el odio y la mentira se propagan a través de algoritmos.